Prefiero que Kristina no sea la que distribuye la riqueza

En varias ocasiones la presidente y sus funcionarios han querido fundamentar algunas medidas en que eran conducentes a la distribución de la riqueza.
Sin preocuparme en esta nota por quién o cómo se genera la riqueza, aunque se que algunos me dirán que un tema no se puede separar del otro, voy a intentar plasmar mis pensamientos sobre la distribución de la riqueza.
A mi entender hay dos corrientes básicas de opinión: los que proponen que alguien, generalmente el estado, se ocupe de repartir y, los que proponen que nadie reparta nada y que cada uno se quede con lo que legítimamente gano.
No voy a caer en la acusación habitual, por más que sea real, sobre que el primer sistema lleva necesariamente a la corrupción, es decir que el que reparte se queda con una parte o se la da a sus amigos. Voy a suponer que el que distribuye tiene una honestidad a toda prueba y además una eficiencia envidiable. Es decir, una vez que le dan objetivo y el criterio según el cuál tiene que repartir hace lo que le piden tal cuál se lo piden.
El problema es justamente establecer el objetivo y establecer el criterio.
La primer pregunta obligada es ¿queremos que todos tengan igual o queremos que todos lleguen a un mínimo?
Parece una perogrullada, pero que tengan todos igual es imposible. Cada uno consume, usa distintas cosas a distinto ritmo, etc., así abandonando ya utopías del siglo XX podemos decir que eso es imposible. Algunos han sugerido definir igual por “según sus necesidades”. Ese caso es relativamente fácil de establecer para la comida, al vegetariano le das verdura, al deportista una ración más grande, etc. ¿Pero que pasa con lo intelectual, si a mi me gusta la filosofía oriental me traerán el profesor de China y al que le gusta tocar el bombo en las marchas le regalan un bombo? Parece que esto no cierra.
La otra posibilidad sería ver que todos lleguen a un mínimo. Concedo acá que hay gente debajo de un mínimo, incluso aunque sostenga que determinar exactamente el mínimo es imposible, si se podría establecer una franja y decir para abajo es que no alcanzaste. Aceptando esto entonces hay a cierta gente que habría que ayudarla a alcanzar ese mínimo y eso sería distribuir la riqueza.
Para los que se enrolan en la segunda corriente, es decir, los que piensan que cada uno tiene que quedarse con lo que gana, en una palabra los liberales, el criterio de distribución pasa por un sistema indeterminado donde responsabilidad, esfuerzo, capacidad y talento se combinan para que una persona consiga sus propiedades. Hago acá la misma suposición ética de más arriba. Supongo que cada uno consiguió su dinero éticamente, no coimeo a funcionarios, ni gano licitaciones a dedo, ni asesino competidores, sino por el contrario compro a sus proveedores pagándoles lo que ellos consideraban justo y vendió a sus clientes a un precio que estos consideraron razonable y por talento, esfuerzo o lo que sea gano una diferencia. Algo análogo hicieron los profesionales, ganando su dinero logrando satisfacer a quién los contrata.
Si mezclamos un poco las dos líneas tenemos entonces gente que ha ganado más dinero del que necesita para vivir según el mínimo y gente que no alcanza ese mínimo.
A primera vista es lógico que los que tienen más le den algo a los que no llegan al mínimo.
Llegamos al capítulo de los peros.
Primer pero: como hay reparto algunos que superan levemente el mínimo se anotan igual, protestan dicen que el mínimo es más alto, y ven que reciben.
Segundo pero: hay gente que no intenta llegar al mínimo por su cuenta. Si igual tiene el resultado garantizado.
Ante estas dos posturas se enojan los liberales y se niegan a dar. Entonces surge la pregunta: ¿es lícito que el vago se muera de hambre?
No pretendo discutir si es vago o no hay trabajo, etc. Es probable que no haya una respuesta única.
Si pretendo hacer notar que la diferencia no es de cómo se distribuye la riqueza. La diferencia es una diferencia de valores. Unos sostenemos que las cosas hay que ganárselas trabajando, esforzándose, siendo responsables, buscando alternativas, creando alternativas.
Otros creen que por el hecho de ser, de haber nacido ciertas cosas le deben ser entregadas.
Los liberales entendemos existen desventajas de origen (familia humilde, etc) e intentamos equilibrarlas y por eso siempre defendemos la igualdad de oportunidades. Por eso un liberal como Sarmiento armo la estructura más grande que tiene el estado: la educación (lamentablemente hoy no ha podido escapar a su condición de estatal y esta atrofiada).
Los liberales sabemos que de cualquier manera habrá quienes no lleguen al mínimo: discapacitados, enfermos, accidentados, etc. Y por eso proponemos estructuras de seguros, de ONG, etc que atiendan esa diferencia.
A los liberales no nos gusta que nos vendan gato por liebre. Es decir no queremos que quién podría llegar al mínimo trabajando, cuelgue el trabajo para ir a pedir. Nos parece una falta de ética.
Los liberales sabemos que habrá por momentos gente que haga su mejor esfuerzo y las cosas le saldrán mal, y estamos dispuestos a ayudar en la mala. Dar algo de pescado para saciar el hambre inmediato y enseñar a pescar con una nueva caña, pero después el pescador tiene que salir a pescar nuevamente. Por eso hay sociedades de socorros mutuos, etc.
Los liberales sabemos que no hay una receta válida para todos. Sabemos que hay personas que prefieren trabajar de sol a sol, y no ver a su familia para tener el auto último modelo, y hay otros que se van un rato antes a casa y andan con un vehículo más humilde, pero contento con el tiempo que compartió con sus hijos.
Sabemos que la capacidad humana es infinita y habrá quienes encuentren su lugar de infinitas maneras distintas y ni se nos ocurriría intentar hacer el catálogo o tabla de tareas disponibles.
Los liberales, aunque muchos progres no lo crean, somos seres humanos, y entendemos que hay que ser solidarios con los que no llegan y con los que les fue mal. Estamos dispuestos a dar una parte de nuestros ingresos y a convencer a otros para que den una parte de los suyos.
Pero los liberales queremos estar seguros que a los que les fue mal, se les enseñe a pescar y no se los acostumbre a pescado regalado. Queremos elegir nosotros cuanto damos, a quien damos y estar seguros que el que recibe lo nuestro lo emplee en lo que prometió. Los liberales no queremos que nos saquen por la fuerza, eso que estamos dispuestos a dar, queremos que nos convenzan, queremos que nos toquen nuestra fibra humana. Los liberales no estamos a dispuestos a dar dos veces, una al Estado para que haga de cuenta que hace, y otra a alguna ONG para que haga en serio.
Kristina viene a sacarnos la plata a la fuerza, con lo que le damos hace de cuenta que busca soluciones de fondo pero regala pescado intentando acostumbrar a quienes lo reciben al gustito a regalo y no rinde cuentas de lo que hace, por eso no queremos que ella distribuya riqueza.