Sobre vergüenzas ajenas
“…pues no es vergüenza ser pobre
y es vergüenza ser ladrón.”
La Vuelta de Martín Fierro estrofa 1166
Supongamos que como regla general 2 de cada 10 personas, por dar una proporción cualquiera, caen ante una determinada tentación; digamos que durante mucho tiempo sometemos solamente a 10 personas a esta situación. De repente, por las causas que sean tentamos a 100 personas entonces es lógico que serán 20 los que caigan. Concedo, aunque parezca obvio, que 20 es mucho más que 2. Acepto también que la pobreza actúa como tentación, o mejor dicho que para el pobre que se encuentra ante los bienes ajenos, estos actúan como una tentación. Es decir que una proporción X de los pobres se llevarán lo que no es suyo, hurtarán o robarán.
Ahora bien, que sepa que la pobreza actúa como tentación, que sepa que hay más pobres, que incluso entienda que Juan Pobre afanó por esta compleja situación no quiere decir que perdone, ni justifiqué, ni exculpé a Juancito.
Podemos entender que habrá robos y, también si quieren, asesinatos por esta circunstancia estadística. Pero muy distintos es justificarlo. A José Ganzúa como sociedad no le podemos decir ah… vos sos del 20% que cae presa de la tentación, así que todo ok, no te preocupes.
No lo podemos hacer porque robar esta mal, eso antes que nada.
Pero además porque como sociedad no nos conviene. Primero queremos que no vuelva a robar. Y si le decimos que lo que hace esta bien… seguirá robando.
Segundo, volviendo a mis números figurativos, de esos 10 pobres sometidos a la tentación/decisión de si robar o no, seguramente habrá un grupo importante que no roba por principio. Pero también habrá algunos que no roban por miedo a ser castigados. Cuando la presidenta y su grupo de defensores de pobres sostienen que la pobreza justifica el crimen y que por ende no va a ser castigado se pierde el miedo y entonces estos otros también roban.
Además hay otro grupo que no roba por una cuestión de conveniencia. No esta firme en los valores de no robarás pero intuye que trabajando y capacitándose le puede ir mejor en la vida. Este grupo también esta recibiendo el mensaje equivocado. Que trabajar no es el camino, que la vida es una lotería, que de la marginalidad no se sale, entonces le conviene robar.
Vemos como la simple explicación que hace Kristina y su entorno ideológico sobre la inseguridad hace que por lo menos tengamos tres tipos de nuevos delincuentes: los de toda la vida pero que ahora no están presos entonces siguen robando, los que no robarían pero perdieron miedo al castigo y los que no robarían pero no ven un camino mejor.
Entonces la proporción inicial se fue de 2 de cada 10 a 4 o 5 o 6 de cada 10.
Es decir que si Cristina lograse controlar la pobreza y volver a la situación dónde solo hay 10 pobres entonces ya tendríamos en vez de 2, quizá 6 delincuentes. Es menos que 20 pero mucho más que 2.
Sin embargo a este análisis le faltan dos consideraciones más.
No solo los pobres delinquen. Aceptar que los únicos delincuentes son los pobres es un pensamiento tan, pero tan discriminatorio que me causa sorpresa como muchos “progresistas” lo aceptan tan sueltos de cuerpo. Los no pobres, aquellos con sus necesidades básicas satisfechas también delinquen. Y en este grupo social, para seguir con la terminología progre, también hay quienes nacieron para ser delincuentes, quienes delinquen cuando le pierden miedo al castigo y quienes lo hacen porque la vía de la ilegalidad presenta una mejor perspectiva que la de la legalidad.
Y aquí la segunda consideración que toca el corazón de todo esto: si la sociedad en general y el gobierno en particular transmite los incentivos equivocados nunca disminuirá la pobreza. Hace falta que todos y cada uno nos pongamos a trabajar para producir, para ir avanzando individualmente y para ir generando oportunidades de trabajo para los demás. La humilde doña Josefa Torta que se pone a cocinar y le va bien y entonces le encarga a Pedro Bici que haga las entregas en bicicleta esta saliendo ella de la pobreza y esta ayudando a que el pibe salga adelante también.
Cuando hay robos aquellos que tienen la iniciativa de producir, dicen: no hago nada si me lo van a afanar. Aquellos que se deciden a hacerlo igual, gastan en seguridad una parte que hace que sus emprendimientos sean más ineficientes. Cuando no condenamos a los delincuentes y dejamos que disfruten del fruto de su delito, sea grande o chico, le decimos a aquellos que iban a trabajar, mejor dedicate a afanar. Algunos lo harán, otros no, pero estos que se deciden a afanar nos hunden cada vez más en la pobreza. Y Pedro Bici no tiene oportunidad de conseguir trabajo y se convierte en un marginado.
Por eso Cristina tiene cada día más inseguridad, porque nos hunde en la pobreza y porque incentiva a todos a afanar.
“Con todo respeto” como dice Néstor: ¿en vez de andar sugiriendo lecturas de Perón y de venas abiertas por qué no se pone a leer el Martín Fierro?
Referencia: Technorati Profile

If you enjoyed this post, make sure you subscribe to my RSS feed!