Archive for the ‘Artículos’ Category

No al voto electrónico

Monday, February 23rd, 2009

Varios opinadores y dirigentes políticos se han manifestado a favor del voto electrónico.

Reitero mi oposición a ese sistema.

Invito a los interesados a leer los 4 arrtículos que publique como consecuencia de los problemas ocurridos en las últimas elecciones. En especial les recomiendo el tercero dónde se ve claramente porque es impracticable el voto electrónico hoy por hoy en la argentina.

Sobre el faltante de boletas.

Sobre el sistema actual y como revisarlo.

Las fallas del voto electrónico.

La responsabilidad de los dirigentes de la oposición.

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Sobre las amonestaciones

Monday, June 16th, 2008

Roberto Cachanosky ha tenido a bien publicar un nuevo artículo de mi autoría. Una vez más gracias y los invito a leerlo en Economía para Todos

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SOBRE LOS CORTES DE RUTA

Wednesday, May 28th, 2008

Hace unos días Roberto Cachanosky tuvo a bién publicar mi opinión sobre los cortes de ruta que esta haciendo el campo. Los invito a ver la relación entre piquetes y semáforos en Economía para Todos.  Gracias Roberto

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Retenciones y derechos humanos.

Monday, March 31st, 2008

Art. 17. Constitución nacional.- La propiedad es inviolable, y ningún habitante de la Nación puede ser privado de ella, sino en virtud de sentencia fundada en ley.
La expropiación por causa de utilidad pública, debe ser calificada por ley y previamente indemnizada.

La globalización y la aparente victoria del sistema de libremercado ha hecho que al momento de discutir las retenciones al agro se plantee la discusión olvidando que: la propiedad privada es un derecho humano básico.
Quienes atacan las retenciones han planteado argumentos eficientistas, la carga impositiva genera menos producción, etc.y traen los ejemplos del mundo.
Discúlpenme pero se equivocan. Las retenciones enormes no están mal por el hecho de perjudicar la eficiencia del mercado, están mal porque violan un derecho humano básico.
Veo con horror como se repite la historia medieval, los señores feudales y la reina quitándoles a los indefensos campesinos sus ingresos. Contra estos abusos surgió el movimiento liberal, el movimiento constitucionalista y la declaración del hombre y el ciudadano de la revolución francesa. Para evitar abusos como estos el mundo hizo un gran esfuerzo en definir cuales son, fueron y serán los derechos del hombre. Y el derecho a la propiedad, el derecho a gozar del fruto de su propio trabajo quedo declarado, establecido, acordado como uno de los primeros derechos humanos, quizá solo secundario al de la vida y no tortura. Mucho antes de la ONU, de los Tratados Universales, de las Madres de Plaza de Mayo, el derecho a la propiedad quedo establecido como un derecho básico.
Incluso quienes no veían con cariño el libremercado como los papas y los mercantilistas reconocían el derecho a la propiedad.
Quién no tiene propiedad tampoco tiene libertad. ¿Cómo hace para concretar sus sueños si no puede dejar de trabajar día a día por su sustento y todo lo que tenga de más se lo quitan? ¿Cómo hace para comprar el papel para escribir, la pintura para ser un artista, la guitarra para ser un músico, el libro para estudiar?
Quienes venimos del Siglo XX no podemos olvidar que el comunismo demostró que sin propiedad privada no hay libertad. No podemos olvidar que en la Tercer Guerra Mundial, también llamada Guerra Fría, este fue el tema en “discusión”. No podemos olvidar a los muchos más de 30.000 desaparecidos en la Rusia y China comunistas por solo mencionar los dos ejemplos más conocidos.

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La solución mágica (Nota III de III)

Sunday, March 9th, 2008

Arítculo publicado en Economía para Todos el 6/12/2007

El fracaso de la oposición en la última elección no puede atribuírsele a las irregularidades, más bien hay que mirar las propias falencias.

En los dos artículos que iniciaron esta serie hablamos de los sistemas de votación, el vigente y el voto electrónico. El factor común a ambos análisis es que para que el sistema funcione hace faltan trabajo y esfuerzo. Muchas veces se tiende a pensar que escribir en un papel o en una ley una intención es suficiente, y se olvida el tremendo esfuerzo que hay que hacer para que las cosas funcionen como uno se propuso originalmente. Nuestro políticas y, en alguna medida, nuestra sociedad son así. En este caso en particular, se dejan llevar por la idea de que una ley que disponga el voto electrónico solucionará el problema de las elecciones.

Varios dirigentes y militantes de la oposición piensan así. Una ley que imponga el voto electrónico, que acabe con la boleta sabana, o que prohíba el clientelismo y el problema mágicamente se acaba.

La verdad es que habría que recordar muchas veces a Ortega y Gasset cuando dijo: “Argentinos a las cosas”. Ninguna ley permitirá solucionar los vicios del sistema político y mucho menos hacer que la oposición gane las elecciones.

Con esto, de ninguna manera, pretendo justificar los actos de fraude que se cometen desde el poder. El Estado debe funcionar como dicen las leyes y sobretodo debe respetar con sus leyes y reglamentaciones el espíritu republicano democrático.

Pero los dirigentes políticos de oposición deben entender que la elección de un presidente no es la votación telefónica de Showmatch o Gran Hermano, que no es quién sale más lindo en la foto, quién dice lo más lindo en TV o consigue unos millones para pegar afiches quién ganará la elección.

Quien pretenda gobernar los destinos de este país debe armar un equipo con capacidad de liderazgo. Un liderazgo político, es decir con algunas características que lo hacen distinto pero igual a otros conductores, tiene que conseguir que la gente haga esfuerzos y sacrificios en aras de lograr la ejecución de ese plan de gobierno que engrandecerá a la república.

La elección, más precisamente el operativo electoral de fiscalización es el primer desafío de gestión que se le presenta al equipo que pretende ser gobierno. Tienen que poder organizarse, coordinarse, atender la logística a lo alto y ancho del país. La campaña en si es algo que a los políticos no les genera dificultad, en cuánto se resume a encontrar algo que decir y contratar quién lo difunda. Pero el momento de la fiscalización cuando el líder y su equipo tienen que convencer a cada fiscal que sacrifique su domingo y unas horas en aras de este plan de gobierno es cuando se ve si hay liderazgo o no.

Volviendo al análisis de números, hace falta un fiscal cada 390 electores, es decir 0,3% de los electores tienen que aceptar fiscalizar. ¿Cómo puede ser que alguien que pretende el 45% de los votos no pueda conseguir el 0,3% de fiscales? Insisto, el hecho que ninguno de los partidos de oposición lo consiga no da derecho a los distintos oficialismos a hacer fraude.

¿Cómo hará quién no puede convencer a 1 cada 100 de sus simpatizantes para que le de una mano unas pocas horas para convencer a ejecutivos y profesionales a los que les va bien en el ámbito privado para que ocupen ministerios y secretarias en la función pública por salarios irrisorios? ¿Con que fuerza logrará evitar que se corrompan?

Muchos de los contratiempos que surgieron en la última elección pudieron evitarse si los apoderados de los distintos partidos de oposición hubiesen supervisado adecuadamente el proceso previo en la Justicia Electoral. Pero los apoderados no pudieron hacerlo porque estaban ocupados. Algunos, temo decir la mayoría, estaban defendiendo su lugar en la negociación partidaria por cargos y lugares en las listas. Otros estaban participando en las conversaciones de los distinto frentes y alianzas. Obviamente no pueden estar en una negociación y al mismo tiempo en la justicia electoral revisando que el proceso sea transparente y correcto. No se puede estar en la procesión y en el campanario dice el dicho. Pero la realidad es que hace falta gente en los dos lugares.

Y en esto es dónde ha fallado nuevamente la oposición. El líder tiene que distribuir el juego, y los miembros del equipo tienen que tener suficiente confianza como para saber que al atender su pedacito de juego el equipo avanza y que su contribución será reconocida.

El apoderado partidario tiene que saber que a partir del momento que se inicia el proceso electoral tiene que dedicarse a supervisar todos los detalles, el vocero partidario tiene que estar listo para darle prensa al apoderado ni bien haya alguna irregularidad para que la Justicia Electoral se vea presionada a hacer las cosas bien, el apoderado tiene que estar seguro que su lugar será respetado por más que este encerrado en las oficinas públicas viendo que es lo que pasa, y el equipo político tiene que estar seguro de darle el lugar porque saben que sin un buen apoderado no llegan a ningún lado. Si el apoderado, alguien que esta en el núcleo del armado político no puede tener confianza, nadie la puede tener y entonces no hay equipo.

Claro, todo esto es más sencillo cuando las cosas se hacen con tiempo; cuando no se están definiendo candidaturas, alianzas e incluso líneas políticas a último momento. Hay cosas que para los dirigentes políticos tienen sentido y que para el resto de la sociedad no. Cualquiera de nosotros acepta jugar un picadito con un rejuntado de amigos, pero a ninguno se le ocurriría intentar ganar el campeonato de primera A con el mismo rejunte. En ese caso, intentaríamos formar un equipo en serio, con entrenamiento, dónde los jugadores se conozcan, sepan cuál es su posición y que se espera de ellos, con un equipo técnico, un equipo médico, preparadores físicos, etc. Muchos partidos de oposición encararon las últimas elecciones, la clasificación para el campeonato de primera, con un rejunte… y así les fue.

Y hablo de la clasificación porque imagino que el campeonato es ya ser gobierno. Y no puedo mas que preguntarme, sin equipo, sin confianza, sin capacidad de motivación como pensaban gobernar. ¿Con un rejuntado?

La última elección no se definió por las irregularidades, el oficialismo gano por amplia ventaja. Hubo irregularidades, si el resultado hubiese sido más parejo podrían haber sido definitorias, de hecho probablemente haya municipios y bancas definidas por fraude. La oposición me parece que primero se tiene que ocupar de hacer que el resultado sea más parejo para después ocuparse de las irregularidades, y probablemente se sorprenderán al encontrar que si hacen una buena construcción desde el principio lograran evitar que muchas irregularidades maduren.

El grupo de oposición que logre armar un equipo, con una visión a mediano plazo, con un trabajo serio en consecuencia y con la mirada un poquito más allá de la próxima elección no solo logrará evitar que le hagan fraude, sino que seguramente será gobierno. Y esa sería la verdadera solución mágica aunque ya no sería tan mágica. © www.economiaparatodos.com.ar

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La solución mágica (Nota II de III)

Sunday, March 9th, 2008

Artículo publicado en Economía para todos el 29/11/2007

El voto electrónico se presenta como la herramienta que pondrá fin a todos los problemas del acto electoral. Sin embargo, llevadas a la práctica, sus ventajas no parecen ser tan reales. En la nota de la semana pasada, comparábamos el sistema electoral actual con un auto añoso y sin mantenimiento que termina fundiéndose. Inmediatamente un comedido recomienda comprar un auto moderno. Mi sensación con el voto electrónico es muy similar a la que tengo cada vez que alguien pretende comprarse un súper auto deportivo para transitar por la Argentina y me pregunto: ¿qué pasa en la primera cuneta? ¿Qué pasa si a la velocidad que dan esos autos agarrás uno de los pozos que mantienen nuestros intendentes? ¿Es el súper auto deportivo el auto para transitar las calles de la Argentina?

El voto electrónico tiene dos ventajas teóricas importantes que, además, resaltan ante los hechos vividos en las distintas elecciones de este año. Primero, asegura la presencia de todas las boletas en el cuarto oscuro. Es decir, la computadora que ofrece las opciones para votar no “se olvidará” ninguna boleta y por lo tanto los electores podrán elegir con todas las opciones a la vista. Segundo aporta precisión y velocidad al escrutinio. Se hacen las 18:00hs y en segundos cada urna es escrutada y en pocos minutos todos los resultados llegan al centro de cómputos y ya sabemos quien gano. Algunos fantasean con una tercera ventaja: la desaparición de la cola porque asumen que todo lo que tiene que ver con electrónica es necesariamente veloz. Digo, fantasear, porque hace falta caminar por la calle Florida y observar las colas en los cajeros automáticos los días de pago o los viernes a la tarde para darse cuenta de que esto no es tan así.

Estas dos ventajas teóricas implican una serie de supuestos que ni bien son sacados a la luz siembran cuando menos algunas preocupaciones.

En la elección pasada hubo 27 millones de electores habilitados para votar, divididos en algo más de 73.000 mesas. Esto implica 73.000 computadoras que deben comprarse, cargarse con el software correspondiente a su destino, entregarse en cada lugar acompañada de su teclado, pantalla especial y el componente de seguridad que se elija. Además, hacen falta las impresoras y todo el “cablerío” correspondiente.

Estamos asumiendo que la estructura electoral que no pudo entregar a tiempo unas cajas de cartón plegadas podrá si hacerlo con unos delicados equipos que no pueden ser golpeados, ni sacudidos, ni cubrirse de polvo. Por otra parte, no imagino a muchos ladrones tentándose con un botín de varios kilos de papel y cartón, pero sí es probable que algunos se tienten con un buen cargamento de electrónica.

Ahora, suponiendo que la nueva estructura es reforzada (con lo cual la vieja también funcionaría) y logra entregar en tiempo y forma todo el equipamiento, ahí no acaba el problema. Las computadoras deben enchufarse: alguien debe enchufarlas, los enchufes tienen que coincidir y el lugar tiene que tener corriente permanente y estable.

Ese alguien es un presidente de mesa. Para algunos, la ausencia de presidentes de mesa fue la principal causa del colapso del sistema, esto no se vería solucionado, seguirían haciendo falta presidentes de mesa que además de leer y escribir sepan enchufar una computadora y prenderla, y entiendan rápidamente el software que tienen que manejar. ¡Ah no! Es que serían capacitados… Entonces, ¿por qué no capacitamos a los presidentes de mesa actuales?

Bueno suponiendo que el sistema pudo entregar en tiempo y forma todo el equipamiento, que hubo presidentes capacitados para recibirlo y ponerlo en marcha puntualmente, que encontraron enchufes para alimentar las computadoras (las normas actuales de seguridad en las instalaciones eléctricas implican menos enchufes y ninguno en lugares accesibles), que las compañías eléctricas puedan garantizar servicio eléctrico sin fallas y las de seguridad evitar los atentados al sistema eléctrico, nos queda analizar los fallas de las computadoras. Nunca vi una urna de cartón que no funcione… pero créanme he visto muchas computadoras que fallan. ¿Qué porcentaje es aceptable para la industria? Es decir lo que habitual y comercialmente cubriría con la garantía. Supongamos que 1%, es decir un porcentaje despreciable, o lo que es lo mismo alrededor de 730 urnas, lo que implica que habría más de 250.000 votantes cuya urna no funcionaría. Es decir un número superior al de electores que hay en cualquiera de las siguientes provincias: Catamarca, La Pampa, La Rioja, San Luis, Santa Cruz, y Tierra del Fuego.

Algunos pensarán que hay una falla en el razonamiento del párrafo anterior. Al usar computadoras, el sistema debería ser más veloz y, por lo tanto, habría más votantes por mesa, menos mesas, menos computadoras y menos fallas. Sin embargo, en el ensayo de voto electrónico que se hizo en las mesas de extranjeros de algunos distritos de la provincia de Buenos Aires, el sistema tenía previsto un plazo de votación máximo, pero extendible, de 90 segundos por votante. Hay que recordar que los extranjeros votaron sólo tres categorías. Suponiendo que mantenemos ese plazo como promedio para los votantes argentinos que votan cinco categorías y le agregamos 10 segundos para entrar al cuarto oscuro, ponerse delante de la computadora hasta iniciar el proceso y el tiempo que le lleve salir del cuarto oscuro. Esto hace que en mesas de 390 votantes a 100 segundos por cada uno debamos prever 10 horas con casi 50 minutos. Es decir, 50 minutos más que el horario establecido para que las mesas permanezcan abiertas.

Pero sigamos adelante, supongamos que o porque los votantes fueron más rápidos o por la ausencia de algunos, se pudo terminar de votar a tiempo. Ahora hay que imprimir el acta de escrutinio. Supongamos también que las 73000 impresoras funcionan, tienen papel y tinta si hace falta. Ahora ha llegado el momento de transmitir los datos al centro de cómputos…. los teléfonos tienen que funcionar, la directora del colegio tiene que estar para abrir la dirección dónde siempre esta guardado el teléfono, la ficha tiene que ser americana, no tiene que haber ruido en la línea y entonces tendremos nuestro escrutinio rápido.

Quedan todavía algunos problemas por verse: ¿Cómo votan, por ejemplo los analfabetos y no videntes que hoy llevan las boletas desde su casa? ¿Qué pasa en los lugares alejados sin corriente, sin teléfono, etc?

Si todos los problemas anteriores han sido superados, problemas inmensamente más difíciles que los que no supera el sistema actual, debemos recién entonces preocuparnos por los “pícaros” que intentan hacer trampa. Es decir, hay que fiscalizar el software para que muestre todas las boletas, para que cuente bien, para que no haya trampa o hackeo en el envío de datos. Cumplido esto hay que fiscalizar al presidente de mesa todavía podría decirle que no puede votar a quienes sospecha votarán a un opositor, y fiscalizar las carteleras que deben ponerse en los lugares de votación mostrando las posibilidades que hay.

No solo los opositores a Chavez, el amigo de nuestro matrimonio presidencial, denuncian múltiples fraudes con el voto electrónico; también en USA dónde en muchos lados solo se usa la computadora para contar hay múltiples denuncias de software adulterado, votos que no se suman, etc.

Pero quizá el mayor problema que enfrenta el sistema es la posible pérdida del secreto. En el sistema actual, una vez que votaron 4 o 5 personas ya es prácticamente imposible saber que votó cada uno. La lógica del sistema informático hace que se registre horario de votación del votante y horario de emisión del voto para el candidato A. No es muy difícil unir una cosa con otra y saber que el voto para el candidato A registrado 30 segundos después que Juan se presentó en la urna es de Juan. Y si no que le pregunten a los empleados estatales venezolanos.

Lamento, por lo tanto, llegar a la conclusión de que un sistema que es más caro que el actual, implica igual necesidad de compromiso ciudadano, tiene una logística más difícil, una implementación más complicada, una fiscalización técnica de dificultad muy superior a la actual y, además, pone en riesgo el secreto del voto no es la solución mágica. © www.economiaparatodos.com.ar

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La solución mágica (Nota I de IIII)

Sunday, March 9th, 2008

Artículo publicado en Economía para todos el 22/11/2007
La última elección fue muy desorganizada. En distintos ámbitos se escucha que el sistema electoral caducó y que ha llegado la hora del voto electrónico. Por diversas razones, parece que ni un sistema está tan añejo ni el otro tan maduro.

El sistema electoral colapsó en la última elección. Demoras y faltas de boletas fueron los hechos salientes que mostraron que algo no funcionaba ese día. Al faltante de boletas dedicamos el artículo publicado la semana pasada, interesa hoy evaluar si el sistema en su conjunto ha ya cumplido su vida útil.

Empiezo con una anécdota: un conocido se reúne, una vez al año, con amigos en Mar del Plata. Desde la década del 80, anualmente viaja a esa ciudad balnearia el mismo día del encuentro. Por muchos años, llegó a las 13 del día del evento, puntual para iniciar el almuerzo. Lo sorprendente es que desde esa época va con su auto. Los primeros años era un vehículo casi cero km, y mi amigo lo tenía cuidadito. Lo llevaba al mecánico unos días antes para que lo revisara, le hacía un cambio de aceite, revisaba las cubiertas y llenaba de aire las ruedas. Además, al salir se fijaba si tenía agua. Incluso, en los días previos, se ocupaba de comprar unos anteojos de sol para la ruta. El día del viaje partía con tiempo de sobra, ya que la ruta 2 era complicada.

Con el tiempo, esta persona dejó de ser tan cuidadosa. Sólo iba al mecánico si el auto se le había quedado, confiaba en que los anteojos estaban en la guantera y en que los niveles de agua y aceite estaban bien.

Tantos años llegando puntual, se sintió confiado de que en esta oportunidad llegaría igual tomando las mínimas precauciones. Salió con lo justo: cuatro horas y media tienen que alcanzar, pensaba. A la altura de Chascomús, el auto recalentó. Tuvo que parar, esperar un rato, agregarle agua. Desconcentrado por el enojo, no revisó otras cosas. Cuando finalmente se puso en camino, tenía un retraso media hora, por lo que confió en la autopista para recuperar tiempo. El sol ya estaba alto, buscó los anteojos en la guantera y no los encontró, alguien los había sacado. Quizá molesto por el sol, quizá simplemente distraído, no notó que el indicador del aceite le marcaba alguna anormalidad. Pasando Dolores, el auto dio olor a quemado y se terminó quedando. Se había fundido.

El personaje del cuento consiguió una grúa que lo remolcó. Llegó, finalmente, con casi tres horas de demora a su cita. Los amigos estaban sorprendidos: ¿cómo podía ser impuntual ahora con la ruta convertida en autopista? Cuando él les contó que el auto “se había” fundido, prontamente le recomendaron cambiarlo por uno más moderno.

Tengo la impresión de que a nuestro mecanismo electoral le ha pasado algo parecido a lo ocurrido con el auto de esta anécdota. En 1983 estaba reluciente y brillante, cuidado y mantenido. Pero el 28 de octubre se rompió. Con el tiempo, los preparativos, el mantenimiento y el cuidado dejaron de hacerse. Colectivamente asumimos que el sistema funciona bien, entonces no se revisa, no se le presta atención.

Dos botones bastan para muestra: en 1983, y en las elecciones sucesivas, los padrones provisorios eran publicados con antelación, se publicitaba este hecho y una amplia porción del electorado verificaba su inclusión correcta en los mismos. ¿Cuántos lectores saben si se publicaron los padrones provisorios? ¿Dónde estaban disponibles esta vez? En otro orden, aunque parecido, durante la década del 80 los fiscales de mesa eran citados a las 7.30. Se descontaba que los colegios iban a estar abiertos, las urnas habrían llegado y se temía que no estar antes de la apertura del comicio significase un perjuicio para el partido. Las instrucciones de fiscales y presidente de mesa establecían que se armaba el cuarto oscuro, se llenaban actas, se fajaba la urna y se tenía todo listo para las 8. En punto, votaba el presidente y se abría el comicio. En 2007, las urnas llegaron con suerte a las 8, los fiscales y autoridades de mesa se presentaron con puntualidad argentina a las 8.15 y las mesas que empezaron temprano iniciaron la votación recién a las 9.

Miles de pequeños detalles se han ido descuidando. Se aumentó la cantidad de electores por mesa, aunque no se agrandó el tamaño de la urna. Los últimos electores deben perder tiempo empujando el sobre para que pueda entrar. La relación entre el tamaño de las boletas y la de los sobres es de una proporción que algún matemático podrá establecer, si bien todos comprobamos que no es la que se ajusta el plegado que hacemos de la boleta.

Las autoridades de escuelas y entidades de bien público están ya cansados de la mugre y roturas que quedan luego de la elección. Por eso, organizan todo de manera de dejar el menor espacio posible, el mobiliario menos cuidado y de invertir el menor tiempo posible el domingo.

La Junta Electoral prorroga los plazos intermedios, por demoras técnicas o razones burocráticas. Los telegramas que citan a las autoridades de mesa salen tarde, por lo que llegan también tarde. Por más que los que tengan motivos válidos para excusarse lo hagan en tiempo y forma, ya no se podrá citar suplentes. Muchas autoridades de mesa se confían en experiencias pasadas y no revisan lo que tienen que hacer.

En esta última elección, en cada mesa votaron aproximadamente 300 personas. Suponiendo que cada una de ellas demoró, no en la cola, sino en la ejecución de su voto, 30 segundos más de lo que demoraba en 1983 (porque el presidente tardó unos segundos, porque no encontró la boleta, no pudo doblarla, porque cortó, porque el sobre no entraba en la urna, porque el sobre no pegaba, entre otras posibilidades), eso implica una demora de 150 minutos, es decir dos horas y media. Si a eso le sumamos una hora de retraso inicial, tenemos las tres horas que mucha gente tuvo que hacer de cola.

En cambio, si empezamos puntualmente, si el presidente está capacitado y el cuarto oscuro está bien ordenado, volvemos a hacer que el sistema funcione.

Así como el personaje de nuestro cuento llegó tarde a pesar de contar con la autopista cuando antes llegaba puntual por una ruta de dos carriles, uno de ida y uno de vuelta, nuestro sistema electoral fracasó a pesar de contar con Internet para difundir información, con celulares para comunicarse, con las imprentas más rápidas y con muchos miles de kilómetros asfaltados.

En un próximo artículo, analizaremos el voto electrónico, ese auto nuevo que nos sugieren comprar. Mientras tanto, tengamos presente que el sistema electoral podría funcionar si cada uno de sus engranajes trabajase adecuadamente. Hay cosas que no se arreglan con un decreto o una nueva ley, sino con que aquel al que le toca una determinada tarea la cumpla adecuadamente.

Para cerrar, un detalle, casi imperceptible pero alentador, que ha disminuido de alguna manera las demoras: pudo observarse como muchos electores llevaban su tijera. Una señal muy positiva. © www.economiaparatodos.com.ar

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¿Culpa de quién?

Sunday, March 9th, 2008

Artículo publicado el 15/11/2007 en Economía para Todos
En las últimas elecciones faltaron boletas en los cuartos oscuros. ¿Quién es legal y políticamente responsable de que esto no suceda? ¿Qué implicancias tiene para nuestra democracia?


En las recientes elecciones la logística electoral colapsó. Como en todo derrumbe, muchas cosas salieron mal. Será otro el momento y lugar para analizar cuáles fueron las causas y cuáles son las consecuencias de este fracaso, y de proponer ideas para que esto no se repita. Interesa en este breve artículo comentar la acusación de Alberto Fernández hacia los partidos políticos y sus fiscales.

En un mundo ideal la autoridad electoral es responsable por la existencia de boletas de todos los partidos en el cuarto oscuro. Esto se deduce necesariamente de los derechos políticos de los ciudadanos. ¿De que sirve el derecho a ser candidato si no podrá ser votado por falta de boletas? ¿De qué sirve el derecho al voto si no se podrá votar a quién uno quiere? En este mundo una vez presentada la boleta el gobierno se ocupa de imprimirlas, las distribuye a todos los lugares de votación y , a través del presidente de mesa, que el día de la elección es una autoridad parte del Estado, se ocupa de que haya boletas en los cuartos oscuros.

En esta línea se inscribe el artículo 98 del Código Nacional Electoral que establece, refiriéndose al cuarto oscuro, que el presidente de mesa “… cuidará de que en él existan en todo momento suficientes ejemplares de las boletas de todos los partidos, en forma que sea fácil para los electores distinguirlas y tomar una de ellas para emitir su voto”.

Los partidos están autorizados a fiscalizar, esto es así porque en un mundo un poco menos ideal, algunos funcionarios y autoridades, incluyendo a las de mesa, pueden tentarse y favorecer indebidamente al partido de su preferencia.

En un mundo más real todavía existen muchos problemas para que cada mesa tenga las boletas de cada partido. El funcionario responsable de la confección de las boletas puede, actuando de mala o buena fe, imprimir mal o pocas boletas. El encargado de distribuir las boletas en las correspondientes urnas puede equivocarse y poner en las urnas de San Nicolás las boletas de Carmen de Patagones y viceversa. Puede, también, mandar las boletas correctas, pero en número insuficiente. O puede ser que el presidente de mesa ponga todas las boletas en el cuarto oscuro y algún pícaro se las robe, y una interesante cantidad de etcéteras.

En este mundo real, la experiencia ha llevado a compartir la ejecución de la tarea. Los partidos se ocupan de imprimir su propia boleta y ordenarlas. El Estado se ocupa de la distribución. Los partidos tienen un plazo en el que deben entregar ejemplares de la misma a la justicia electoral para que los selle y los ponga entre la documentación que reciben los presidentes de mesa como originales oficializados de las boletas. Unos días después los partidos entregan las boletas organizadas en grupos para que la justicia distribuya esos mazos junto con la urna que recibe el presidente de mesa, y que son las que en principio van al cuarto oscuro.

Los partidos saben que si no entregan el primer grupo de boletas, los presidentes de mesa no recibirán la boleta sellada y no permitirán que sus boletas estén en el cuarto oscuro. Aunque el Código Electoral no lo dice taxativamente, el partido que no presenta este primer grupo de boletas se auto excluye de la elección.

El problema pasa por el segundo, gran grupo de boletas. Si las boletas para los cuartos oscuros fueron entregadas en tiempo y forma por el partido político a la Junta Electoral es responsabilidad de esta y de su auxiliar el correo que las mismas lleguen a cada presidente de mesa (Art 65 inc. 5 del Código Electoral). Ya vimos que es responsabilidad de este último que las boletas estén en el cuarto oscuro. Este es el plan A. Esta es la responsabilidad que asume el Estado para garantizar la democracia. Los fiscales de estos partidos pueden ir, es mejor que vayan, pero van solamente a supervisar, la responsabilidad de que los derechos políticos de los ciudadanos estén protegidos es de los funcionarios gubernamentales con el Ministro Fernández a la cabeza.

Si un partido no entregó las boletas para que sean distribuidas por el canal oficial junto con urnas y documentación, tiene una segunda oportunidad, un plan B. Que sus fiscales las lleven el día del comicio a cada mesa. Si los fiscales no llegan a los lugares de votación, entonces no habrá boletas.

Cuando el ministro Fernández les hecha la culpa a los partidos políticos debe aclarar a cuáles se refiere. Porque aquellos que entregaron sus boletas en tiempo y forma tienen el derecho a que el Estado (incluidos presidentes de mesas citados con la debida antelación y capacitados) se ocupe de que las mismas estén en el cuarto oscuro, y aquellos que no lo hicieron deben ser fáciles de identificar por nombre y número de lista.

Sería bueno que el ministro Fernández no se olvide de que los derechos políticos son derechos humanos básicos y de que su rol es respetarlos. © www.economiaparatodos.com.ar

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¿Tropezaremos con la misma piedra?

Sunday, March 9th, 2008

Algunas reflexiones sobre la verdadera mala implementación de la Ley Federal de Educación de 1994 bajo la luz del actual debate por la sanción de una nueva reglamentación educativa. Publicado en Economía para Todos el 3/8/2006

El debate planteado sobre la educación en la Argentina ha llevado a que muchos ciudadanos lean o relean la famosa Ley Federal de Educación. Para sorpresa de una buena cantidad de estos lectores que inician la tarea con un concepto negativo de esta ley, lo que encuentran en ese texto no les desagrada. En muchos debates, ya se ha escuchado la explicación de que la Ley Federal de Educación no era tan mala, sino que lo que falló fue la implementación, incluso importantes funcionarios actuales del Ministerio de Educación, que serán responsables de la implementación de lo que salga de este proceso, han dicho públicamente que la aplicación fracasó. Se siente en estos comentarios una autosuficiencia que parece expresar: “osotros vamos a implementar bien”

Muchos piensan que los errores de implementación fueron operativos: programas y planes de estudio que se definían tarde, llegaban más tarde a las aulas, sin material de apoyo o explicativo, e incluso con errores que una lectura a conciencia podría haber evitado. También se piensa en la falta de previsión al no capacitar a los docentes, que sumada a una falta de evaluación de los recursos humanos con que se contaba, ocasionó que profesores que toda la vida se habían preparado para enseñar la materia “A” terminasen dictando la materia “Z”. Otros piensan en los cursos y colegios creados desde despachos olvidándose de que no había ni edificios ni aulas para hacerlos realidad. Toda esta enumeración, que puede seguir por horas, puede reunirse bajo el título de errores que un buen gerente o administrador no cometería.

Sin embargo, por lo menos, en la provincia de Buenos Aires, no fueron estos los peores errores de implementación.

En el sistema de evaluación se adoptó un sistema mal llamado de “compensatorios” en lugar del tradicional sistema de promedios. Con este sistema, el alumno debía aprobar todos los temas importantes de cada materia. Si le había ido mal en un tema del primer trimestre, el docente debía darle oportunidades de rendirlo nuevamente (compensar) una y otra vez hasta que lo aprobase. Con esto se buscaba evitar esas lagunas que teóricamente le quedaban a los alumnos que nunca aprendían lo enseñado en el primer trimestre donde se habían sacado un uno aunque sabían perfectamente lo de los siguientes dos trimestres donde sacaban 10. ¡Como si un buen docente, responsable de su tarea, pudiese enseñar seis meses su materia sin nunca volver a citar lo del primer trimestre! El primer resultado: alumnos que no estudiaban, porque siempre iban a tener una oportunidad más, que no aprendieron el valor del esfuerzo permanente, de la responsabilidad, y docentes que dedicaron días enteros a reevaluar lo mismo, a corregir lo mismo, a dejar de avanzar.

También se derogaron los exámenes, experiencias traumáticas que marcan a los niños de por vida. Entonces, las instancias de aprobación se convirtieron en cursos semanales donde el docente debía evaluar y reevaluar (porque lo que no se sabe el lunes quizá se aprende para el viernes) y donde el alumno jamás aprende a juntar todas sus fuerzas para enfrentar un desafío. Esto queda para la universidad, o para la primera entrevista de trabajo, o para algún otro momento intrascendente.

El régimen disciplinario fue abolido. El llamado a la reflexión permanente, sin que nunca pase nada, se adoptó como sistema escolar de premios y castigos. Por favor a nadie se le ocurra expulsar a un chico de una escuela porque, pobre chico, se va a la calle. ¡Mejor traigamos la calle a la escuela! Combatamos el autoritarismo destruyendo la autoridad de manera que nadie pueda impulsar a los chicos a estudiar, a respetar.

Por último, se aplicó un sistema de asistencia (o de inasistencias) donde para quedarse libre hay que faltar toda la semana –incluyendo sábados y domingos– y donde las llegadas tardes no se cuentan –total la responsabilidad de cumplir con la tarea diaria se aprenderá el día que se consiga trabajo y la puntualidad debe ser uno de los pocos hábitos que es más fácil adquirir de adulto que de chico–.

Ésta es la manera en la que el gobierno de la provincia de Buenos Aires implementó el derecho de los educandos a recibir una educación que posibilite el desarrollo de su responsabilidad (artículo 43, inciso 1 de la Ley Federal de Educación). Ésta es la experiencia que muchos revivimos cuando se habla de la implementación.

Después de varios años, de malos resultados y de un par de generaciones que fueron, salvo honrosas excepciones, mal educadas, primó el sentido común. Se volvió al promedio en Polimodal, se volvió a un sistema de inasistencias todavía generoso pero lógico, se volvió a las mesas de exámenes, se volvió a incorporar a los chicos de 13 a 15 años al secundario y muchos colegios –a través de acuerdos de convivencia coherentes– están reconstruyendo la autoridad y el ambiente de estudio en nuestras aulas. Todo, es verdad, con errores de implementación del tipo de los que mencionábamos al principio, de los que no cometen los buenos administradores.

Hoy se propone una nueva estructura escolar, fundada en una nueva ley. Esta estructura necesitará nuevos reglamentos de evaluación, disciplina y asistencia. ¿Quién los va a redactar? ¿Qué criterios van a usar? ¿Serán los mismos pedagogos que con tantas ínfulas opinan sobre la educación y que tanta participación tuvieron en la primera implementación de la Ley Federal de Educación? ¿Volveremos a tropezar? © www.economiaparatodos.com.ar

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La burocracia en su laberinto

Sunday, March 9th, 2008

Artículo publicado en Economía para Todos el 13 de julio de 2007.

El documento en el cual el ministro Daniel Filmus expone sus motivos para modificar la Ley Federal de Educación y los lineamientos del nuevo proyecto que propondrá tiene algunos pasajes que claramente denotan que han sido escritos desde la comodidad de un despacho y muy lejos de las aulas.

Seguramente a muchos lectores les ha tocado, en algún momento, pasar –como padres o como alumnos– por la experiencia del cambio de colegio. No importa cuál haya sido la causa de tal decisión, su consecuencia es, sin duda, una necesidad de adaptación. El alumno que va a un nuevo colegio debe adaptarse a nuevos compañeros, nuevos horarios, nuevas autoridades, nuevos maestros, nuevos recorridos para llegar al establecimiento, entre otras muchas cuestiones. De todas estas situaciones, nos interesa analizar una en particular: el chico debe adaptarse a que, quizá, en su antigua escuela no estudió exactamente lo mismo que estudiaron sus nuevos compañeros.

Para padres, alumnos y docentes esto resulta habitualmente una realidad obvia. Los docentes piden carpetas y cuadernos, toman alguna evaluación de nivel, preparan algunos ejercicios para que el alumno realice para ponerse a tono, en algunos casos extremos proponen clases extras o, a ciertos niveles, clases particulares. Los compañeros nuevos suelen aportar material del año pasado y explicaciones a su nuevo amigo. Los docentes toman en cuenta las diferencias en las primeras evaluaciones y valoran el esfuerzo.

Muchas veces, el alumno nuevo de repente en alguna clase sorprende porque sobre un tema sabe más que sus compañeros. A ese tópico su maestra del año pasado le dedicó más tiempo, o se realizó un proyecto especial o lo que sea. Así, de pronto, “el nuevo” que todo lo tiene que preguntar sabe las respuestas que sus compañeros no y de alguna manera se afianza en su grupo.

Van pasando los días y las semanas y, en algún momento entre los tres y seis meses de clase, todos se olvidan de que tal chico es “nuevo”. Quizá en alguna materia todavía hay dificultades, que necesitan esfuerzo para ser superadas… Pero, bueno, todos tenemos problemas en alguna u otra materia.

Es verdad que este proceso de cambio demandó al alumno un esfuerzo adicional. Él y su familia sabrán por qué estuvieron dispuestos a hacer ese esfuerzo: será la casa nueva, el estar más cerca de los abuelos, el nuevo trabajo de papá, la tranquilidad de estar en este nuevo colegio, etcétera. Como con todo en la vida, se paga un precio por una ventaja y queda en la intimidad de la familia elegir si se cambia de colegio o no.

Estas situaciones son habituales en las escuelas: hay alumnos que se cambian de colegio a principio del ciclo escolar y otros a mitad de año, hay alumnos que vienen de lejos y otros que provienen de instituciones que están a pocas cuadras. Incluso situaciones parecidas ocurren sin que haya cambio de colegio: un alumno faltó 40 días por alguna enfermedad, o cambió de la división B a la A, o pidió cambiar de orientación dentro de las distintas que ofrece un mismo colegio, o quizá la dirección del colegio decidió fusionar dos divisiones o distribuir a los alumnos de una manera diferente… Son situaciones que son parte de la labor diaria de los docentes, que las enfrentarán con mayor o menor éxito en función de su compromiso, profesionalismo, responsabilidad y la pizca de suerte que siempre hace falta.

Para quienes la situación es muy complicada es para las pobres secretarias de las escuelas: su deber es verificar que el alumno que viene de otro colegio presenta su certificado con todos los sellos y firmas correspondientes… y créanme que algunos son difíciles de conseguir. Mientras llega el famoso certificado, las secretarias “aguantan” con alguna constancia de certificado en trámite o similar. Uno creería que el problema se soluciona cuando finalmente llega al colegio el bendito certificado o certificado analítico. No. ¿Qué pasa si, transcurridos ya uno o dos meses, cuando las secretarias reciben este papel los planes de estudios no coinciden? ¡Ay, mi Dios! Es preciso averiguar si algún organismo oficial ha establecido si hay equivalencias entre ambos planes de estudio. Si las hay, deben conseguir la resolución y evaluar qué equivalencias debe rendir el alumno; si no las hay, tendrán que conseguir que alguna autoridad dictamine si este alumno que ya hace tres meses que está en la escuela puede seguir concurriendo y qué materias debe rendir. Y, entonces, cuando el chico ya está saliendo adelante le caemos con un “disculpanos, pero el ministerio dispuso que tenés que rendir estas materias…”. Y tenemos que explicarle también que no importa que su otro compañero que viene del colegio de más cerca y que vio menos que él no tiene nada que rendir porque es de una misma jurisdicción o porque en la lotería de los planes de estudio tenía el número adecuado.

Esto es lo que el ministro Daniel Filmus llama en su documento “graves problemas para la movilidad de los alumnos”.

Para evitar este inconveniente, dispondrá o bien que en todas las aulas de todo el país se dé exactamente lo mismo (olvidándonos de que las realidades de cada aula son distintas, aunque eso no se ve desde un despacho), o bien que una comisión federal establezca “los mecanismos que viabilicen el reconocimiento y equivalencia de estudios, certificados y títulos de la educación formal y no formal en las distintas jurisdicciones” como establece la Ley Federal de Educación que debe hacer el Consejo Federal de Cultura y Educación y, que cuando lo hizo, tardó tanto que trajo más problemas que soluciones.

Mientras esperamos que la comisión resuelva, no tiene valor ni el criterio del docente del colegio original que aprobó o desaprobó al alumno, ni el director que avaló, ni el criterio del docente del colegio nuevo que evalúo y trabajó, ni el nuevo director que acompañó, orientó y evaluó. Seguramente eso es a lo que el ministro se refiere cuando habla en su documento de una “carrera docente con desarrollo profesional”.

Y es aquí donde se materializa el círculo vicioso: la burocracia impone ciertos trámites para que el alumno cambie de colegio, luego la burocracia se demora en clarificar los pasos y requisitos de estos trámites complicándole la vida a alumnos y docentes que ya solucionaron el problema de fondo, entonces la misma burocracia como persiste el problema que ella misma inventó justifica que hay que cambiar la ley por otra que diga más o menos lo mismo que la primera, pero, como es nueva, hay otros oportunidades para generar problemas. Problemas que desde el despacho ministerial son gravísimos y que en el aula ya están superados. © www.economiaparatodos.com.ar

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