Archive for the ‘Educación’ Category

Una cucharada de su propia sopa

Friday, September 26th, 2008

Varias veces hemos enumerado que uno de los problemas de la educación argentina es la permisividad que se alienta desde la esfera ministerial (ver por ejemplo: La culpa no es de las amonestaciones y ¿Tropezaremos con la misma piedra?).

El gobierno de la provincia de Buenos Aires aplico esa misma permisividad con los docentes a su cargo. Paro tras paro aparecio la amnistía que perdonaba el descuento en el sueldo de los días no trabajados.

Y  los docentes aprendieron que no pasa nada, y entonces hacen paro tras paro y el ministro Oporto no entiende porque .

Mario Oporto

Mario Oporto

Es  fácil: los docentes hacen paro porque nadie les dice que eso esta mal igual que los alumnos que se portan mal porque el ministro dice que no se los puede echar.

No creo que Oporto pueda solucionar este brete en el que se metió.  Nadie le cree que esta vez va a descontar el sueldo de los días no trabajado.

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Sobre las amonestaciones

Monday, June 16th, 2008

Roberto Cachanosky ha tenido a bien publicar un nuevo artículo de mi autoría. Una vez más gracias y los invito a leerlo en Economía para Todos

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Los chicos del Pellegrini no saben ni el ABC

Wednesday, June 4th, 2008

Hoy los alumnos de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini comandados por su centro de estudiantes se dirigieron a protestarle a Macri por la falta de gas en su escuela.   Este instituto depende de la UBA. Universidad autónoma que depende presupuestariamente del gobierno nacional.

¿Por qué van a reclamar al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires? Es posible que sea con ganas de complicarle la vida a Mauricio Macri. Recuerdo de los eventos del año pasado que muchos dirigentes estudiantiles tenían filiación política.

Pero al irle a reclamar al GCABA violan la autonomía de la UBA.  Porque autonomía significa que el resto no se entrometa pero también que el autónomo se las arregle solo. Si van a pedirle al gobierno que les arregle el gas, después que no se quejen cuando el gobierno les diga que es lo que se debe enseñar o que docentes se deben nombrar.

Los estudiantes del CBC de Merlo si fueron al lugar correcto, con los métodos equivocados, y reclamaron a las autoridades de la UBA, se ve que los del Ciclo Básico son Universitarios en serio.

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¿Tropezaremos con la misma piedra?

Sunday, March 9th, 2008

Algunas reflexiones sobre la verdadera mala implementación de la Ley Federal de Educación de 1994 bajo la luz del actual debate por la sanción de una nueva reglamentación educativa. Publicado en Economía para Todos el 3/8/2006

El debate planteado sobre la educación en la Argentina ha llevado a que muchos ciudadanos lean o relean la famosa Ley Federal de Educación. Para sorpresa de una buena cantidad de estos lectores que inician la tarea con un concepto negativo de esta ley, lo que encuentran en ese texto no les desagrada. En muchos debates, ya se ha escuchado la explicación de que la Ley Federal de Educación no era tan mala, sino que lo que falló fue la implementación, incluso importantes funcionarios actuales del Ministerio de Educación, que serán responsables de la implementación de lo que salga de este proceso, han dicho públicamente que la aplicación fracasó. Se siente en estos comentarios una autosuficiencia que parece expresar: “osotros vamos a implementar bien”

Muchos piensan que los errores de implementación fueron operativos: programas y planes de estudio que se definían tarde, llegaban más tarde a las aulas, sin material de apoyo o explicativo, e incluso con errores que una lectura a conciencia podría haber evitado. También se piensa en la falta de previsión al no capacitar a los docentes, que sumada a una falta de evaluación de los recursos humanos con que se contaba, ocasionó que profesores que toda la vida se habían preparado para enseñar la materia “A” terminasen dictando la materia “Z”. Otros piensan en los cursos y colegios creados desde despachos olvidándose de que no había ni edificios ni aulas para hacerlos realidad. Toda esta enumeración, que puede seguir por horas, puede reunirse bajo el título de errores que un buen gerente o administrador no cometería.

Sin embargo, por lo menos, en la provincia de Buenos Aires, no fueron estos los peores errores de implementación.

En el sistema de evaluación se adoptó un sistema mal llamado de “compensatorios” en lugar del tradicional sistema de promedios. Con este sistema, el alumno debía aprobar todos los temas importantes de cada materia. Si le había ido mal en un tema del primer trimestre, el docente debía darle oportunidades de rendirlo nuevamente (compensar) una y otra vez hasta que lo aprobase. Con esto se buscaba evitar esas lagunas que teóricamente le quedaban a los alumnos que nunca aprendían lo enseñado en el primer trimestre donde se habían sacado un uno aunque sabían perfectamente lo de los siguientes dos trimestres donde sacaban 10. ¡Como si un buen docente, responsable de su tarea, pudiese enseñar seis meses su materia sin nunca volver a citar lo del primer trimestre! El primer resultado: alumnos que no estudiaban, porque siempre iban a tener una oportunidad más, que no aprendieron el valor del esfuerzo permanente, de la responsabilidad, y docentes que dedicaron días enteros a reevaluar lo mismo, a corregir lo mismo, a dejar de avanzar.

También se derogaron los exámenes, experiencias traumáticas que marcan a los niños de por vida. Entonces, las instancias de aprobación se convirtieron en cursos semanales donde el docente debía evaluar y reevaluar (porque lo que no se sabe el lunes quizá se aprende para el viernes) y donde el alumno jamás aprende a juntar todas sus fuerzas para enfrentar un desafío. Esto queda para la universidad, o para la primera entrevista de trabajo, o para algún otro momento intrascendente.

El régimen disciplinario fue abolido. El llamado a la reflexión permanente, sin que nunca pase nada, se adoptó como sistema escolar de premios y castigos. Por favor a nadie se le ocurra expulsar a un chico de una escuela porque, pobre chico, se va a la calle. ¡Mejor traigamos la calle a la escuela! Combatamos el autoritarismo destruyendo la autoridad de manera que nadie pueda impulsar a los chicos a estudiar, a respetar.

Por último, se aplicó un sistema de asistencia (o de inasistencias) donde para quedarse libre hay que faltar toda la semana –incluyendo sábados y domingos– y donde las llegadas tardes no se cuentan –total la responsabilidad de cumplir con la tarea diaria se aprenderá el día que se consiga trabajo y la puntualidad debe ser uno de los pocos hábitos que es más fácil adquirir de adulto que de chico–.

Ésta es la manera en la que el gobierno de la provincia de Buenos Aires implementó el derecho de los educandos a recibir una educación que posibilite el desarrollo de su responsabilidad (artículo 43, inciso 1 de la Ley Federal de Educación). Ésta es la experiencia que muchos revivimos cuando se habla de la implementación.

Después de varios años, de malos resultados y de un par de generaciones que fueron, salvo honrosas excepciones, mal educadas, primó el sentido común. Se volvió al promedio en Polimodal, se volvió a un sistema de inasistencias todavía generoso pero lógico, se volvió a las mesas de exámenes, se volvió a incorporar a los chicos de 13 a 15 años al secundario y muchos colegios –a través de acuerdos de convivencia coherentes– están reconstruyendo la autoridad y el ambiente de estudio en nuestras aulas. Todo, es verdad, con errores de implementación del tipo de los que mencionábamos al principio, de los que no cometen los buenos administradores.

Hoy se propone una nueva estructura escolar, fundada en una nueva ley. Esta estructura necesitará nuevos reglamentos de evaluación, disciplina y asistencia. ¿Quién los va a redactar? ¿Qué criterios van a usar? ¿Serán los mismos pedagogos que con tantas ínfulas opinan sobre la educación y que tanta participación tuvieron en la primera implementación de la Ley Federal de Educación? ¿Volveremos a tropezar? © www.economiaparatodos.com.ar

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La burocracia en su laberinto

Sunday, March 9th, 2008

Artículo publicado en Economía para Todos el 13 de julio de 2007.

El documento en el cual el ministro Daniel Filmus expone sus motivos para modificar la Ley Federal de Educación y los lineamientos del nuevo proyecto que propondrá tiene algunos pasajes que claramente denotan que han sido escritos desde la comodidad de un despacho y muy lejos de las aulas.

Seguramente a muchos lectores les ha tocado, en algún momento, pasar –como padres o como alumnos– por la experiencia del cambio de colegio. No importa cuál haya sido la causa de tal decisión, su consecuencia es, sin duda, una necesidad de adaptación. El alumno que va a un nuevo colegio debe adaptarse a nuevos compañeros, nuevos horarios, nuevas autoridades, nuevos maestros, nuevos recorridos para llegar al establecimiento, entre otras muchas cuestiones. De todas estas situaciones, nos interesa analizar una en particular: el chico debe adaptarse a que, quizá, en su antigua escuela no estudió exactamente lo mismo que estudiaron sus nuevos compañeros.

Para padres, alumnos y docentes esto resulta habitualmente una realidad obvia. Los docentes piden carpetas y cuadernos, toman alguna evaluación de nivel, preparan algunos ejercicios para que el alumno realice para ponerse a tono, en algunos casos extremos proponen clases extras o, a ciertos niveles, clases particulares. Los compañeros nuevos suelen aportar material del año pasado y explicaciones a su nuevo amigo. Los docentes toman en cuenta las diferencias en las primeras evaluaciones y valoran el esfuerzo.

Muchas veces, el alumno nuevo de repente en alguna clase sorprende porque sobre un tema sabe más que sus compañeros. A ese tópico su maestra del año pasado le dedicó más tiempo, o se realizó un proyecto especial o lo que sea. Así, de pronto, “el nuevo” que todo lo tiene que preguntar sabe las respuestas que sus compañeros no y de alguna manera se afianza en su grupo.

Van pasando los días y las semanas y, en algún momento entre los tres y seis meses de clase, todos se olvidan de que tal chico es “nuevo”. Quizá en alguna materia todavía hay dificultades, que necesitan esfuerzo para ser superadas… Pero, bueno, todos tenemos problemas en alguna u otra materia.

Es verdad que este proceso de cambio demandó al alumno un esfuerzo adicional. Él y su familia sabrán por qué estuvieron dispuestos a hacer ese esfuerzo: será la casa nueva, el estar más cerca de los abuelos, el nuevo trabajo de papá, la tranquilidad de estar en este nuevo colegio, etcétera. Como con todo en la vida, se paga un precio por una ventaja y queda en la intimidad de la familia elegir si se cambia de colegio o no.

Estas situaciones son habituales en las escuelas: hay alumnos que se cambian de colegio a principio del ciclo escolar y otros a mitad de año, hay alumnos que vienen de lejos y otros que provienen de instituciones que están a pocas cuadras. Incluso situaciones parecidas ocurren sin que haya cambio de colegio: un alumno faltó 40 días por alguna enfermedad, o cambió de la división B a la A, o pidió cambiar de orientación dentro de las distintas que ofrece un mismo colegio, o quizá la dirección del colegio decidió fusionar dos divisiones o distribuir a los alumnos de una manera diferente… Son situaciones que son parte de la labor diaria de los docentes, que las enfrentarán con mayor o menor éxito en función de su compromiso, profesionalismo, responsabilidad y la pizca de suerte que siempre hace falta.

Para quienes la situación es muy complicada es para las pobres secretarias de las escuelas: su deber es verificar que el alumno que viene de otro colegio presenta su certificado con todos los sellos y firmas correspondientes… y créanme que algunos son difíciles de conseguir. Mientras llega el famoso certificado, las secretarias “aguantan” con alguna constancia de certificado en trámite o similar. Uno creería que el problema se soluciona cuando finalmente llega al colegio el bendito certificado o certificado analítico. No. ¿Qué pasa si, transcurridos ya uno o dos meses, cuando las secretarias reciben este papel los planes de estudios no coinciden? ¡Ay, mi Dios! Es preciso averiguar si algún organismo oficial ha establecido si hay equivalencias entre ambos planes de estudio. Si las hay, deben conseguir la resolución y evaluar qué equivalencias debe rendir el alumno; si no las hay, tendrán que conseguir que alguna autoridad dictamine si este alumno que ya hace tres meses que está en la escuela puede seguir concurriendo y qué materias debe rendir. Y, entonces, cuando el chico ya está saliendo adelante le caemos con un “disculpanos, pero el ministerio dispuso que tenés que rendir estas materias…”. Y tenemos que explicarle también que no importa que su otro compañero que viene del colegio de más cerca y que vio menos que él no tiene nada que rendir porque es de una misma jurisdicción o porque en la lotería de los planes de estudio tenía el número adecuado.

Esto es lo que el ministro Daniel Filmus llama en su documento “graves problemas para la movilidad de los alumnos”.

Para evitar este inconveniente, dispondrá o bien que en todas las aulas de todo el país se dé exactamente lo mismo (olvidándonos de que las realidades de cada aula son distintas, aunque eso no se ve desde un despacho), o bien que una comisión federal establezca “los mecanismos que viabilicen el reconocimiento y equivalencia de estudios, certificados y títulos de la educación formal y no formal en las distintas jurisdicciones” como establece la Ley Federal de Educación que debe hacer el Consejo Federal de Cultura y Educación y, que cuando lo hizo, tardó tanto que trajo más problemas que soluciones.

Mientras esperamos que la comisión resuelva, no tiene valor ni el criterio del docente del colegio original que aprobó o desaprobó al alumno, ni el director que avaló, ni el criterio del docente del colegio nuevo que evalúo y trabajó, ni el nuevo director que acompañó, orientó y evaluó. Seguramente eso es a lo que el ministro se refiere cuando habla en su documento de una “carrera docente con desarrollo profesional”.

Y es aquí donde se materializa el círculo vicioso: la burocracia impone ciertos trámites para que el alumno cambie de colegio, luego la burocracia se demora en clarificar los pasos y requisitos de estos trámites complicándole la vida a alumnos y docentes que ya solucionaron el problema de fondo, entonces la misma burocracia como persiste el problema que ella misma inventó justifica que hay que cambiar la ley por otra que diga más o menos lo mismo que la primera, pero, como es nueva, hay otros oportunidades para generar problemas. Problemas que desde el despacho ministerial son gravísimos y que en el aula ya están superados. © www.economiaparatodos.com.ar

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La Paradoja del Gerente

Sunday, March 9th, 2008

Artículo publicado en Enconomía para Todos el 29 de juniod e 2006.

Había una vez una señora, Josefa Martínez, que había trabajado 25 años eficientemente en su empresa. Al principio, trabajaba 4 horas diarias, lo que le permitió criar a sus hijos. Más tarde, cuando consideró que su situación familiar se lo permitía, decidió trabajar doble turno, lo pidió y tras hacer algunos trámites en una de las oficinas de la empresa le dieron esta oportunidad y logro aportar el doble de sueldo para mantener a su familia.

A lo largo de esos 25 años, su dedicación y trabajo le dieron muchas alegrías. Como en cualquier otra tarea, hubo años mejores y otros peores; hubo jefes con los que se llevaba muy bien y otros con los que no tanto. Sin embargo, siempre a fin de año cuando la tenían que calificar le otorgaron las mejores notas.

Ya sus hijos se están yendo a vivir solos y ella, tras hablarlo con su marido, decidió buscar un ascenso para pasar a ocupar un cargo gerencial. Lo primero que hizo fue averiguar si en la empresa la capacitaban, se decepcionó un poco cuando le dijeron que no sólo no la capacitaban sino que obligatoriamente debía dar un examen. No se desanimó, estudió, rindió el examen, aprobó y le encomendaron una de las unidades de la empresa.

Antes de asumir, pidió una reunión con su superior. Llegó a la reunión con la lista de preguntas que cualquier novel gerente lleva a su entrevista, ésa que tiene una mezcla de condiciones personales, sueldo, horario, responsabilidades, inquietudes sobre equipamiento y fondos, sobre recursos humanos, entre otras.

Decidió empezar preguntando por su sueldo, sabía que no era negociable, que se fijaba por escala. Se sorprendió al saber que su sueldo sería un poco menos que el que cobraba hasta el momento. “Bueno –se dijo– todo sea por crecer.” Preguntó después por sus responsabilidades. Empezando por la infraestructura, tiene que hacerse cargo de un edificio valuado en varias decenas de miles de dólares, con instalación de gas y luz, además de instalaciones sanitarias importantes dado que varios cientos de personas pasan durante el día por su unidad. ¿Qué presupuesto tiene para hacer el mantenimiento de esta infraestructura? Cero, le dicen que no se preocupe que de eso se ocupa la empresa central. Mucho no le convence, ya sabe que cuando uno pide algo a la estructura central esta demora varios meses en atender las solicitudes. Insiste: “¿Si se quema una lamparita puedo recurrir a alguna caja chica, comprarla y luego rendirlo, o poner la plata de mi bolsillo y que después me la devuelvan?”. “No, imagínese si cada uno compra por separado, ¿a qué precio comprará? Hay que mantener las compras centralizadas que salen más baratas.” “Bueno –dice– por lo menos si algo sale mal vendrá a dar la cara ante el personal o los clientes alguien de la empresa central.” “No -le contestan- usted es la responsable, usted tiene que dar la cara.”

Decide cambiar el tema y pregunta por sus vacaciones, está acostumbrada a disfrutar de 45 días al año como mínimo y pregunta por las rotaciones o suplencias para poder seguir manteniendo ese momento para disfrutar con los suyos. “No –le dicen– durante los períodos en que la unidad está cerrada, usted debe ocuparse de ver que el edificio esté bien, si la empresa central envía cuadrillas para hacer mantenimiento o reparaciones usted debe abrirles y supervisarlos. También debe estar atenta porque puede ser que haya algún problema con el pago de sueldos y no se haga a través del banco, en ese caso se hacen cheques y usted debe retirarlos de las oficinas centrales y contactarse con su personal para entregárselos.”

Sin estar muy convencida, Josefa decide cambiar de tema una vez más y pregunta por su equipo de personal. Se ha dado cuenta de que coordinará un equipo de 50 personas. Tiene la esperanza de transmitirles su experiencia, de ir armando un equipo que pueda liderar. Le dicen que todos los miembros del equipo están nombrados. Dentro de todo, Josefa piensa que es lógico: “La unidad ya está funcionando, no quiero que echen a nadie porque llegue yo”. Vuelve a preguntar: “Pero, seguramente, a medida que se vayan produciendo vacantes, puedo ir nombrando gente de mi confianza”. “No –le explican– los nombramientos los hace la central de la empresa.” “¿Puedo hacer sugerencias, opinar sobre el personal que me envían?” “No, de ninguna manera, eso sería discriminatorio. Lo que usted tiene que hacer es el informe donde califica al personal a fin de año. Eso es fácil: es una nota de 1 a 10 y una explicación que la justifique.” “Ah –piensa Josefa en voz alta– entonces, si alguien trabaja mal o no de acuerdo a mi estilo o no cumple lo establecido le puedo bajar la calificación a fin de año y quizá decida ella pedir el traslado a otra unidad.” “No le conviene: si pone una calificación menor a 9, el sindicato se queja y le hace una denuncia por discriminación e, imagínese, nosotros no podemos tener problemas con el sindicato.”.

La entrevista terminó con algunas recomendaciones finales: “Eso sí, recuerde que usted asume la responsabilidad por los 500 menores que concurren a diario a su escuela y que si a alguno le pasa algo usted puede responder con su patrimonio. Además, ocúpese de atender a los padres, que mire que hoy en día con la violencia que hay en la sociedad vienen de una manera que ni le cuento… Ah!!! No se olvide de que usted es responsable de que se cumpla el PCI (proyecto curricular institucional)”.

Si hasta acá no lo había adivinado, así funcionan las escuelas públicas de la provincia de Buenos Aires y de la mayoría de las provincias argentinas. Donde un preceptor con doble turno cobra más que una directora (1) que asume todas las responsabilidades estructurales, de seguridad y, además, académicas, no elige a su personal merced al sagrado sistema de concursos, pero debe lograr que los objetivos se cumplan, sin recurrir a ningún sistema de premios y castigos.

Lo sorprendente no es que la educación ande tan mal, lo sorprendente es que todavía haya directores y directoras de colegio. Pero, quédense tranquilos: Filmus ahora va a cambiar la ley, sin tocar ninguno de estos temas, y todo se va a arreglar. © www.economiaparatodos.com.ar

(1) En realidad, reglamentariamente una directora podría tener 2 cargos directivos en distintas escuelas, pero no se entiende muy bien cómo puede hacer para estar disponible para dos escuelas a la vez.

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Reforma Ley de Educación

Sunday, March 9th, 2008

Artículo publicado el 22/6/2006 en Economia para Todos

Comentarios previos a la discusión sobre la nueva ley de educación

La educación del país está nuevamente en debate. Por eso, conviene estar atento a las implicancias de la propuesta que el Ministerio de Educación presentó para ser discutida entre la comunidad educativa.

El ministro Daniel Filmus ha decidido modificar la ley de educación que rige el país, para eso ha elaborado un documento y lo ha sometido a discusión. Con mucha prisa, miles de personas se aprestan a discutir los ejes delineados por el funcionario y sus colaboradores. Sin embargo, antes de ingresar en la discusión de contenido habría que hacer algunos análisis que son inevitables.

1. Innecesaria:

El ministro da por sentado que hay una necesidad de cambiar la ley. Básicamente, el argumento es que la educación no funciona, se esboza levemente algún diagnóstico y entonces se cambia la ley.

En ningún momento surge una relación directa entre lo que funciona mal y lo que la ley actual establece. Si, por ejemplo, se plantease que hay muchos accidentes de tránsito porque los autos van a demasiada velocidad, y se encuentra una cláusula de una ley que establece las velocidades máximas permitidas y estas son muy altas, entonces se propone modificar la ley y disminuir esas velocidades máximas (suponiendo que los ciudadanos las respetan, pero eso es harina de otro costal). De todo lo que se dice que anda mal en la educación no se encuentra nunca una relación directa o indirecta con la ley. ¿Se apunta a alguna cláusula que haya evitado el objetivo de que todos los niños de 5 años sean escolarizados? ¿Hay algún artículo que evite que los docentes enseñen? Y así podríamos seguir con las preguntas y las respuestas serían siempre negativas.

Algunos pueden estar pensando en ciertos resultados y reglamentaciones de la Ley Federal de Educación, como por ejemplo el no dictado de Matemática en el último año del secundario/polimodal, el régimen de aprobación facilista de la compensación, las permanentes órdenes para promover alumnos, entre otras cuestiones, pero nada de eso esta en la ley. Todo eso es la aplicación, interpretaciones y reglamentaciones que han hecho muchos de los que hoy pretenden modificar el texto original.

Es verdad que hay una excepción: las escuelas industriales que no estaban previstas en Ley Federal de Educación. Pero, justamente, el presidente Kirchner y el Congreso han demostrado cómo debe hacerse para corregir eso: aprobaron una ley que modificase lo necesario y articulase con la estructura existente.

2. Espurio mecanismo elegido:

Supongamos por un momento que me convencieron y hay que reformar la ley. ¿Es el mecanismo de consulta previsto el adecuado? No. Por empezar, no es transparente. Se envían 20 preguntas abiertas y del tipo “la vaca: exponga” a todos los que quieran participar para contestarlas. ¿Cómo se van a procesar las respuestas? ¿Quién las va a procesar? Las van a procesar los empleados y funcionarios de los Ministerios de Educación que son responsables del fracaso hasta el momento, de parcialidad conocida y necesaria y que necesitan, por cuestiones de supervivencia, presentarles a los ministros provinciales y de la Nación un resultado agradable a sus oídos.

Obviamente ése no es el camino. En la historia argentina hubo dos congresos pedagógicos. Las conclusiones del primero tuvieron una vigencia de 100 años, las del segundo llevan sólo 20 años. ¿Tanto se equivocó la sociedad argentina hace 20 años? ¿O acaso quienes hoy proponen hacer esta reforma resultaron ser parte de la minoría en ese congreso y tienen miedo de repetir la historia si convocan a un mecanismo donde haya representantes que deben volver y responder a las bases por lo que dicen en lugar de sacar sagradas conclusiones desde oscuros despachos?

3. No se garantiza la libertad:

El Estado va a establecer quién puede enseñar, qué se debe enseñar, con qué recursos, cómo debe aprobarse a los alumnos y “garantizará igualdad de los resultados educativos” (textual subtítulo 10.3, que en algunas versiones aparece incorrectamente numerado como 6.3). Eso sí, a las familias se les garantiza el derecho a elegir el tipo de educación que responda sus convicciones (si es que alguien logra hacer una escuela que responda a ellas) pero con las ayudas y apoyos precisos del Estado para “compensar” (textual) las carencias culturales.

Es verdad que se puede encontrar en el documento frases que defienden la libertad, pero -en los hechos- la estructura propuesta no es consecuente con lo que declama. Está claro que debemos coincidir en unos mínimos, pero si estos abarcan la totalidad del tiempo disponible (entre otras cosas) entonces no se puede hacer nada más y, por lo tanto, la libertad sólo es una bonita palabra.

4. Democracia o República:

El documento presentado por el ministro Filmus menciona varias decenas de veces la palabra “democracia” y sus derivados pero sólo dos veces la palabra “república” (y una es una transcripción del artículo 14 de la Constitución Nacional). Este hecho no es menor: quien sólo habla de democracia piensa que la mayoría de hoy puede votar cualquier cosa y queda establecida, quien habla de República reconoce valores perdurables en el tiempo que no están sometidos a discusión, especialmente el respeto a las minorías, a los individuos, a los acuerdos de ayer y los posibles caminos del mañana, a las instituciones y sus mecanismos, etcétera. Quien sólo habla de democracia cree que hoy podemos votar si Dios existe, y si por un voto gana el no, entonces Dios no existe.

Otra de las palabras recurrentes en el documento es “homogeneización”.

La educación del país está nuevamente en debate. Que nuestras ocupaciones diarias no nos hagan atender lo urgente y nos olvidemos de algo tan importante dejándolo en manos de quienes quieren educar a nuestros hijos para que sean distintos a nosotros. © www.economiaparatodos.com.ar

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